Tres capas en serie, y la más blanda decide
Lo que te sientas atraviesa siempre la misma pila. Espuma arriba, cinchas o muelles debajo, travesaño de madera al fondo. Están en serie: la carga cruza las tres y la más blanda gobierna el resultado. Así que un hundimiento nunca es simplemente «la espuma ha envejecido»: es la capa que ha perdido rigidez, y las tres se notan de forma muy distinta bajo la palma.
Aprieta con la palma plana, fuerte. Si bajas mucho y tocas algo duro e inmóvil, estás tocando el travesaño: las cinchas se han ido. Si baja y vuelve con una resistencia blanda y lenta, el soporte está bien y es la espuma la que se ha ablandado. Si se hunde un punto y cincuenta milímetros al lado está firme, es un fallo local de cincha, no un envejecimiento general. Esa sola presión separa tres trabajos distintos, y no cuesta nada.
Luego la economía, que es la razón de esta página. Las cinchas son unos metros de cinta y una grapadora; la espuma es la pieza más cara del sofá, y cambiarla obliga a desenfundar. Y la cincha falla en cadena: una banda aguanta, rompe, y las dos de al lado cargan media parte más — así que son las siguientes. Reparar a una banda es una tarde; a cinco, es rehacer todo el asiento.
Tres averías, tres presiones
Tocar el travesaño son las cinchas, y es lo barato. Da la vuelta al sofá, abre el fondo — grapado en casi todos, con cremallera en algunos —, saca la banda rota y arranca todas las grapas viejas, porque una grapa olvidada cortará la nueva. Pon la banda en el mismo sentido que sus vecinas, tensa con el tensor hasta que suene al golpearla y engraoa cada extremo en zigzag, tres grapas como mínimo. Donde las bandas se crucen, entrelázalas en vez de poner una plana sobre otra; bandas paralelas cargan todas en la misma dirección y se hunden en bloque.
Blanda, elástica y lenta en volver es la espuma. La prueba es una presión y un reloj: comprime un cojín a la mitad de su grosor, suelta y mira si vuelve al noventa por ciento en diez segundos. Si se queda aplastado, las celdas han colapsado y ningún volteo lo arregla. Compra espuma de alta densidad —35 kg/m³ en vez de los 25 que fallaron—, corta cinco milímetros de más y fotografía la vieja antes de cortar, porque las espumas de asiento suelen ser biseladas y van envueltas en una guata pegada.
Todo bascula al apretar un brazo es el bastidor, no el asiento. Aprieta una esquina delantera y mira la esquina trasera opuesta: si se levanta, se ha abierto una unión. Casi todos los bastidores son bloques grapados y encolados, y el arreglo es limpiar la cola vieja, encolar, prensar y añadir un tornillo o una escuadra. Hazlo antes de recinchas nada, porque un bastidor que se mueve arranca las grapas nuevas.