Dos hechos deciden casi todo, y ninguno habla de gas
Casi todas las guías empiezan igual: la pila está gastada, cámbiala. Ese consejo cuesta unos euros y, más caro que eso, cuesta el diagnóstico — porque el circuito de encendido te dice si tiene corriente antes de que toques nada. Aprieta y escucha. Un chisporroteo rápido significa que la pila está dando, que el generador de chispa oscila y que el microinterruptor bajo el mando se ha cerrado. Los tres están en serie: un chisporroteo elimina los tres de golpe. El silencio es el único resultado que señala a la pila, y aun entonces la pila suele estar bien y los contactos no.
El segundo hecho es de geometría. El electrodo es una punta metálica dentro de una funda de cerámica, y la chispa es una descarga de alta tensión que busca el camino más corto a masa. Por dónde pasa ese camino es toda la cuestión. Debería salvar 3–4 mm y caer en el gas, justo delante de un orificio de la tapa, porque es el único sitio donde la chispa encuentra algo que arde. Carbón en la punta, una película de grasa en la cerámica, un electrodo torcido por un cazo, o una tapa que no ha entrado en su tetón: cualquiera de los cuatro mueve el camino más corto a otro sitio. La chispa sigue siendo vistosa. Ahora salta sobre metal macizo, sin gas encima, lo cual es tan útil como una cerilla mojada.
El tercer hecho es el que engaña a todo el mundo, y no es una avería en el sentido habitual. La placa tiene una sonda de seguridad en la llama — un termopar — metida dentro. Caliente, produce unos 20 a 30 milivoltios, y esa tensión pequeña es la que mantiene abierto el grifo de gas. Sin llama no hay milivoltios y el grifo se cierra en segundos. Eso es la razón de que una placa nunca pueda dejar escapar gas a la cocina tras un apagón de la llama. También es la razón de que haya que mantener el mando de tres a cinco segundos en frío: la sonda tiene que calentarse antes de que el grifo enganche. Una placa que se apaga en cuanto sueltas no falla al encender. Enciende, y luego la corta una seguridad que no llegó a calentarse.
Tres averías, tres respuestas
Silencio absoluto es el extremo eléctrico. Una pila de petaca en una caja de plástico, debajo de la placa o detrás del frontal, y es una pila salina trabajando en un sitio caliente y grasiento: de seis meses a un año es normal. Pero antes de comprar, mira los contactos: una fuga deja una costra blanca y verde que conserva la tensión y destruye la corriente. Ráscala con la punta de un cuchillo y prueba otra vez con la pila vieja. Una cantidad sorprendente de placas mudas vuelven a arrancar así.
Hace clac clac, pero la chispa está en el sitio equivocado es mecánico, y es gratis. Mira dónde cae la chispa mientras aprietas. Su sitio es justo al lado de un orificio de la tapa. Si repta por la cara de la tapa o salta al soporte, cepilla la punta, dobla el electrodo para que apunte a un orificio, y vuelve a asentar la tapa hasta que entre en su tetón. El hueco quiere el grosor de una moneda: demasiado cerca la chispa es débil y el carbón la puentea, demasiado lejos la tensión ya no salta.
Enciende y se apaga al soltar es la sonda, y el examen es tu dedo. Mantén el mando cinco segundos completos y suelta. Si sigue encendida, la sonda se está calentando y el problema es tu gesto, no la placa. Si se apaga igual, mira la sonda: ¿la llama la envuelve de verdad, o está desplazada a un lado porque un orificio está tapado o la tapa está torcida? Una sonda que no se calienta no puede sostener el grifo, y mantener el mando más tiempo no cambia nada: no es un temporizador, es un termómetro.