Por qué gotea un grifo (y por qué apretar más lo empeora)
Dentro de cada grifo, una sola pieza blanda hace todo el sellado: una arandela de goma presionada contra un asiento de latón, o un cartucho con discos cerámicos. Años de cierre bajo presión la gastan a ras — y la presión de la red, siempre presente, empuja un hilo de agua por la brecha. La gota es el agua ganando por un milímetro.
Apretar el mando más fuerte prensa la goma gastada contra el asiento — la aplana más y raya el latón. Una gota nunca responde a la fuerza; responde a una pieza nueva.
Qué pieza, según el tipo
- Dos mandos que se atornillan (antiguo, de compresión) → la arandela de goma al pie del vástago. Un tornillo, dos euros.
- Una palanca que oscila (moderno, de cartucho) → el cartucho. Sale recto; lleva el viejo a la ferretería para igualarlo.
- Agua que mana en la base del mando, no del surtidor → la junta tórica. La reparación más amable de la casa.
El trío de apertura, para los tres: cierra las llaves de paso, abre el grifo para purgar, y tapa el desagüe — los tornillos pequeños adoran perderse ahí.
Un límite honesto: un grifo reparado dos veces que sigue goteando tiene un asiento rayado o un cuerpo cansado — cada pieza nueva se raja contra el mismo asiento áspero. A partir de ahí, un grifo nuevo cuesta menos que la tercera reparación.