La presión viene de la calle, y el tubo se queda con lo que ya tiene dentro
El agua de una casa no está almacenada a presión: está empujada. La red la mantiene a unos pocos bar, y en el momento en que cortas la conexión con la red esa presión desaparece — el agua del tubo ya es solo agua, metida en un tubo cerrado por los dos extremos. Es exactamente por eso que una llave cerrada no para una fuga de inmediato. Diez metros de tubo de 20 mm guardan unos tres litros, y esos tres litros todavía tienen por dónde salir: por el agujero. Cerrar corta el suministro; abrir el grifo más bajo de la casa deja entrar aire por arriba para que el resto salga por abajo. Dos trabajos distintos, y el segundo es el que todo el mundo se salta.
Lo otro que conviene saber antes de empezar es hacia dónde cierra una llave, porque no es una rosca y no es «hasta que no gire». La llave general y casi todas las pequeñas que hay bajo los fregaderos son válvulas de bola, y una válvula de bola anuncia su posición con la palanca: palanca en el eje del tubo es abierta, palanca atravesada es cerrada, un cuarto de vuelta entre una y otra. Las llaves generales antiguas son de compuerta y piden varias vueltas de un volante redondo. Las dos cierran en sentido horario. Lo que no hay que hacer es meter una barra en una palanca agarrotada y hacer fuerza: un vástago partido convierte «no cierra» en «no cierra y además fuga».
Hay una confirmación gratis, en el contador. Con la llave general cerrada y todos los grifos cerrados, el pequeño disco rojo o el último dígito debe estar quieto. Si avanza despacio, o has cerrado la llave equivocada o hay un segundo suministro — un grifo de jardín derivado antes de la general, un segundo baño con su propio ramal, o una acometida compartida en un piso. Esa comprobación son diez segundos y es la diferencia entre vaciar un tubo y quedarte en un charco preguntándote por qué.
Tres situaciones, tres respuestas
Agua saliendo de una pared, un techo o el suelo es la llave general, y nada más. Encuéntrala — bajo el fregadero de la cocina, en un aseo de la planta baja, junto al contador, o en la arqueta de la acera — gírala a tope en sentido horario y luego abre el grifo más bajo de la casa y deja que el tubo se vacíe. Pon un cubo bajo la fuga si puedes, y si el agua está cerca de una lámpara de techo, corta ese circuito en el cuadro en vez de levantar la mano hacia ella.
Un flexible o un racor que riega no necesita cortar el agua de todo el piso. Cada aparato tiene su aislamiento: la pequeña llave ovalada bajo el lavabo, detrás del inodoro, detrás de la lavadora. Cierra esa, envuelve una toalla alrededor del racor, pon una palangana debajo, y solo entonces piensa en la pieza. La reparación suele ser una junta o un flexible, y es otra página — pero el primer gesto es el mismo, y es gratis.
En el lado del agua caliente el orden cambia, y este es el que quema a la gente. Apaga primero el calor — el termo eléctrico fuera de tensión en su interruptor, la caldera de gas apagada y su llave de gas cerrada — luego cierra la entrada de agua fría al termo o al calentador, y luego vacía, manteniendo las manos fuera del chorro hasta que salga frío. Un termo a 65 °C no necesita estar a presión para darte una quemadura seria, y una caldera que sigue quemando mientras pierde agua es una segunda avería, más cara.